Ya no hay rencor,
rastro de dolor,
ni fuego interior;
no hay instinto de unión,
ni brizna de pasión,
y la cordialidad brilla
por ser cenizas de carbón;
no hay eternidad,
tampoco amistad,
ni tan siquiera
cierta enemistad.
Ahí ya no estoy yo, pero...
hay calma, serenidad,
siento quietud y paz.
Y te deseo lo mejor,
pues siento cariño, incluso amor,
por ese tiempo pasado,
que siempre fue mejor.
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